¿Se puede vivir sin Esperanzas? Yo
no puedo
Hay muchos tipos de esperanzas y
cada cual se aferra a la que mejor le venga. Ayuda a vivir, a soñar, a surfear
por los malos momentos. Hasta hay quienes esperan que la muerte no los visite
nunca.
Cada país, cada cultura y, hasta
cada familia, construye su altar esperanzador.
Pasaron 80 años de aquel
esperanzador 17 de octubre de 1945. Un sentimiento que se renueva. A veces se
opaca, o se suplanta por otro que promete ser mejor, o parece que va a
desaparecer. Pero al toque vuelve. Con otros personajes, con otras canciones,
pero con la misma mística.
No se trata de esperar un ejército
de ángeles que vendrán con los bolsos llenos de manjares y nos harán la vida
más fácil. Se trata de algo más sutil, que tiene que ver con la dignidad, con
la esperanza de que te respeten y no te ninguneen por tener el pelo oscuro,
sobre todo en tiempos donde se festeja un agiornado racismo 2.0
Capaz que el inconsciente personal
o colectivo tienen que ver con esta espera. Ponele.
Sabemos que el cerebro humano está
diseñado para la supervivencia no para la felicidad. Está bueno disfrutarla
cuando esta última aparece, pero la otra manda.
Tal vez esto nos acerque a entender
la “Esperanza Peronista”, una esperanza que parece no tener fin.
Y tal vez cuando todos seamos
rubios esa Esperanza cambie de color.
Mientras tanto, algunos seguiremos
cantando la marchita.
Juan Serra
