Nuestro Planeta nació hace millones de años, nuestra especie apareció
hace cientos de miles. Luego vino la autoconsciencia, los sentimientos, el
pensamiento y la voluntad.
Con la voluntad hicimos cosas hermosas y cosas horribles. Imposible
saber o acordarse de todas por más esfuerzos que hagan los historiadores,
aunque en algunas culturas la transmisión oral es más duradera.
Esta es una historia terrible, real, nuestra, reciente. Necesaria
pasarla de boca en boca para no olvidarla ni repetirla.
…Aquel día el mar, la noche, el sol y el viento lloraron de pena sin
saber cómo reaccionar ante lo que jamás hubieran imaginado. La Luna ni salir
quiso.
Desde el cielo, tan bello y misterioso, desde ese lugar de donde viene
la lluvia y el calor del sol que nos dan vida, comenzaron a caer personas, como
vos, como yo, arrojadas al mar, algunas vivas, otras ya torturadas y muertas, con
el fin de hacerlas desaparecer, que nadie las encuentre.
-Ya están
dormidos, sácale la ropa para que no los reconozcan, y tíralos nomás.
-¿Y si se
despiertan?
-No creo,
antes los comerán los tiburones. Tranquilo, no quedarán pruebas. En un rato ya
estamos todos en casa y aquí no pasó nada.
-Si, no veo
la hora de estar con mis hijos.
-Yo también.
Acuérdate que el próximo jueves tenemos otro vuelo.
Cuesta imaginar la escena, lo cierto es que aquellos marinos de las
fuerzas armadas argentinas arrojaban al mar, desde sus aviones, a los detenidos.
Previamente les inyectaban pentotal sódico para dormirlos. Eran los años de la
dictadura militar, entre 1976 y 1983, cuando todo valía para consolidar un
“pensamiento único”.
El mar no salía de su asombro. Creía haberlo visto todo
-Esto es
terrible, susurró el viento
-No pueden
haberme usado así, tronó el cielo
-Me niego a
dar luz, dijo el sol desilusionado
-¡No se
saldrán con la suya!, gritó el mar.
Con la paciencia de haber trajinado durante millones de años, la Naturaleza
se sobrepuso a la energía oscura y decidió actuar. Las olas esperaron que el
sol las acompañe para rescatar algunos cuerpos y dejarlos suavemente sobre la
arena de las playas uruguayas.
La barbarie que se quiso ocultar quedó prolijamente visible.
Sin culpas, El Universo volvió a lo de siempre, mostrar el misterio y la
magia de la vida: lo bueno y lo horrible.
Juan Serra
