Unos 20 minutos después, corrigió el texto y se
presentó como “líder de Brasil” y reiteró, sin presentar pruebas, que hubo
fraude en las elecciones del domingo.
El excandidato presidencial brasileño Flávio
Bolsonaro se ha autoproclamado este miércoles como “líder” en una segunda
versión de una carta abierta, después de borrar la primera, en la que se
proclamaba el “verdadero presidente electo” en su primera declaración tras
completar su huida a Estados Unidos después de su derrota en las elecciones
presidenciales de este pasado fin de semana.
jEl senador así lo ha recogido en una misiva
que ha editado y difundido en sus redes sociales, tras eliminar una publicación
original con una carta idéntica salvo por el hecho de que también se
autoproclamaba como “presidente electo de Brasil”.
“Quiero decir, no solo a mis 60 millones de
votantes, sino también al pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que
los criminales que robaron las elecciones en Brasil forman parte de una
organización criminal que instauró una tiranía”, afirmó en la primera misiva,
compartida en su perfil oficial de X.
Sin embargo, unos 20 minutos después, el
excandidato borró la primera versión y compartió una segunda en la misma
plataforma, en la que cambió la denominación “presidente electo de Brasil” por
“líder de Brasil”. Ese fue el único cambio relevante entre los dos documentos.
La segunda carta de Bolsonaro
Bolsonaro salió de Brasil por la frontera con
Argentina y abordó un avión privado que hizo escala en Ecuador antes de
aterrizar en Miami este miércoles. El desplazamiento se produjo después de que
el ministro Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal (STF), ordenara
la entrega de sus pasaportes en el marco de una investigación por sospecha de
lavado de dinero. El senador niega cualquier irregularidad en ese expediente.
En el documento, Bolsonaro agradeció al
presidente de Argentina, Javier Milei, por su “coraje y sentido de la justicia
y la legalidad”, y al mandatario estadounidense, Donald Trump, por acogerlo en
el país. Pese a declararse “presidente electo”, el senador dijo que pretende
conducir la oposición brasileña desde el extranjero.
Bolsonaro reiteró, sin presentar pruebas, que
hubo fraude en las elecciones del domingo y dirigió sus críticas contra el
ministro Cristiano Zanin, del STF, a quien responsabilizó por los “más de 10
millones de votos” que, según afirmó, Lula habría obtenido “entre la primera y
la segunda vuelta”.
Zanin había prorrogado la votación hasta las
19.00 horas, pero el Tribunal Superior Electoral (TSE) solo registró 34.000
votos después de las 17.00 horas, una cifra que contradice la versión difundida
por el senador. Lula venció a Bolsonaro por más de 4 millones de votos.
La carta incluye un fragmento que detalla el
reclamo: “Una decisión del STF, tomada por encima de la competencia del TSE,
extendió la votación a última hora, y la orden llegó solo después de que
finalizara el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los
electores quedaron sujetos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se ha
limitado a defender la prórroga del horario y no hay ni una sola respuesta
creíble”.
La declaración constituye un cambio abrupto
frente a lo que el propio Flávio había sostenido la víspera, cuando afirmó que
desistiría de intentar anular las elecciones y que no abandonaría el país.
Integrantes de la cúpula de la campaña aseguran que el lunes intentaron
convencerlo de que se retractara de otra declaración, hecha el domingo, en la
que sostenía que no aceptaría la derrota en las urnas.
La carta completa
Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad
internacional como el verdadero presidente electo de Brasil.
Ante todo, quiero agradecer al presidente Milei
por su valentía, su sentido de la justicia y su respeto por la legalidad;
también al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por
acogerme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los
mismos valores que la gente buena de mi país. El presidente Trump es un gran
defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo, vi con estupor cómo se
consumaba un fraude electoral ante mis propios ojos. La actuación ilegítima e
ilegal del exabogado de Lula permitió que se materializara una imposibilidad
matemática, logrando que Lula sumara más de 10 millones de votos adicionales
entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal
(STF), adoptada por encima de las competencias del Tribunal Superior Electoral
(TSE), extendió el horario de votación a última hora; la orden llegó incluso
después de concluido el horario legal, cuando las urnas ya habían cerrado. Los
electores quedaron sujetos a reglas distintas. Hasta ahora, el TSE se ha
limitado a defender la prórroga del horario, sin ofrecer ni una sola respuesta
creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la
campaña, hubo abuso de poder político y económico, así como el uso del aparato
estatal en favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos
por la ley, que justifican la anulación de la candidatura de Lula y Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos
fue inmediata. Como parte de un plan previamente orquestado, apenas siete
minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez quien está
implicado en un enorme escándalo de corrupción y fue mencionado directamente en
la investigación utilizada para intentar confiscar mis pasaportes y que, muy
probablemente, estaría en prisión si no hubieran impedido mi toma de posesión
puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar
inhabilitado desde el origen y ser totalmente parcial para iniciar cualquier
procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales
pone de manifiesto la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad que están
teniendo lugar.
No era mi intención abandonar mi patria, pero
sé exactamente a dónde conducirá esto. Es el manual clásico de cualquier golpe
de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente
Jair Bolsonaro, y que se extendió a miles de otros brasileños patriotas ciudadanos
comunes e incluso estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a
cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en
Brasil, a través de una Corte Suprema instrumentalizada por la organización
criminal petista.
Para que quede claro: no existe ninguna orden
de detención en mi contra, porque no he cometido ningún delito. Lo que hay es
una ‘caza de brujas’ motivada políticamente, cuyo fin era convertirme en rehén
y objeto de chantaje para proteger de un proceso de destitución a los jueces
corruptos de la Corte Suprema. Este es el guion de la persecución: incautación
del pasaporte, uso de tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un
juicio farsa y, finalmente, una condena política.
No voy a someter a mi familia a esto, y mi país
no merece pasar de nuevo por esta vergüenza internacional. Ante la
instrumentalización política de la Justicia en Brasil, he traído a mi familia a
Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco, una vez más, al presidente
Trump y al gobierno estadounidense por acogernos y brindarnos la seguridad
jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no he huido de Brasil; he
salido por Brasil. He escapado de un régimen de excepción para poder ser el
líder que mi pueblo merece; pues, estando callado, encarcelado y censurado como
lo está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo. De lo contrario, quedaríamos
entregados al teatro institucional de una oposición castrada, controlada por
una Corte Suprema repleta de serviles al régimen. No soy el primero en tener
que luchar por su propio país estando lejos de él. Rui Barbosa partió al exilio
por enfrentarse a la arbitrariedad de Floriano Peixoto y, desde allí, siguió
defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró la Francia Libre
desde Londres condenado a muerte por el régimen de Vichy y regresó para liberar
a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde
Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar
el país por enfrentarse a la dictadura chavista; por su parte, María Corina
Machado, aun siendo perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en
un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados
como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los
llamó de otra manera.
Este es solo el comienzo de nuestra lucha por
la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles no
solo a mis 60 millones de electores, sino a todo el pueblo brasileño que yo soy
el presidente electo, y que los criminales que robaron la elección en Brasil
forman parte de una organización criminal que ha instaurado una tiranía. A
ustedes, que anhelaban un cambio: no los voy a abandonar; seré la voz y el
liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un
llamamiento: esta locura debe terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de
corrupción y de persecución política, en la que la oposición tiene miedo de
hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado.
Ninguna nación puede vivir en paz o prosperar así. Todavía hay tiempo para
restablecer el equilibrio entre los Poderes y devolver a los brasileños la
confianza que han perdido.
A la comunidad internacional, les pido: no
normalicen lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es
normal y no puede ser tratado como algo normal.
A los senadores, diputados y gobernadores a
quienes ayudé a ser elegidos, y en especial a mi candidato a la presidencia del
Senado, Rogério Marinho: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para el
pleno ejercicio de la actividad política. Por eso, lideraré la oposición desde
aquí. Diré lo que ustedes, allí, no pueden decir, y asumiré los riesgos que
ustedes no pueden correr.
Y a ti, que votaste por mí y sueñas con el
cambio: no estamos derrotados y no estamos solos. Este es solo el comienzo de
nuestra lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la libertad en
Brasil. En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y
presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo
popular con el que contamos por todos los medios pacíficos y legítimos para
impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Pido a cada uno
que permanezca firme y que jamás se rinda.
Salí de Brasil, pero no he abandonado a los
brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando
Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.



