“Que un boludo puede hacer volar el mundo” no
es un chiste de mal gusto, tampoco un insulto, es una certeza tan cierta como
que Messi es argentino.
Tantas ansias de querer saberlo todo y tantos
deseos de querer tenerlo todo lograron, al fin, construir el aparato que puede
destruir el planeta y mandarnos a todos a la misma mierda en un santiamén sin
que nos demos cuenta o, lo que sería peor, darnos un tiempito para que el fuego
y la radioactividad nos hagan sufrir como aquellas mujeres quemadas por la
inquisición.
¿Acaso no advertimos que el mundo está lleno de
boludos y de bombas nucleares? Y lo que es peor de todo: algunos boludos son
responsables de ordenar si las lanzan o no.
Si en algún momento decidimos no mirar para
otro lado deberíamos preguntarnos cómo es que llegamos hasta aquí. ¿Qué nos
pasó? ¿Qué está pasando? ¿No nos damos cuenta de la situación privilegiada de
nuestro planeta con sol hermoso, agua abundante, tierra fértil y otros humanos
con los que podemos conversar, compartir y amar?
¿Será que nos hemos olvidado, o tal vez nadie
nos contó, que llevamos 3,5 millones de años haciendo el humano que somos hoy?
Y no fue solo por la comida. La convivencia, el colaborar, la aceptación del
otro (amor) y el lenguaje nos fueron construyendo con una biología adaptada al
medio. Sin duda que hubo desencuentros y guerras, pero fueron los valores de
solidaridad y cuidado los que nos permitieron seguir vivos hasta hoy.
Podemos ir cambiando, pero siempre con un
equilibrio en la adaptación a nuestro nicho ecológico, nunca sentirnos dioses y
saltar el cerco, porque ahí sí que estamos perdidos.
¿Acaso debemos volver a estudiar, a mirarnos, a
preguntarnos, a pensarnos…? Qué está faltando o qué está sobrando…
¿No será tiempo de pensar en menos
desencuentros por ideología o partidos y valorarnos y valorar a nuestros
dirigentes por atributos de humanismo, por cuanto se acercan al modelo de padre
o hijo que desearíamos? ¿Dejaríamos el cuidado de la abuela en manos de algunos
de los que hoy dirigen el mundo, o nuestro país? ¿Por qué confiar en ellos si
no nos quieren ni aceptan nuestras diferencias?
Empecemos entonces por cambiar de a poco, ya
demasiado inquieto está El Planeta.
Lo primero y más importante: No sigamos
boludeando
Por El Diaguita


