Como una metralla, de abajo hacia arriba, las gotas de mierda impactaron en el costado derecho del Volkswagen gris. Algunas, las más gorditas, traspasaron la ventanilla abierta haciendo blanco en la cara y el cuello del conductor. No hay asco ni puteada que valga, un segundo de descuido te hace mierda el día, la ropa y todos los argumentos que en los festejos patrios recitan loas al Jardín de la República.
Fue mierda y no balas como en otros tiempos. Quizás sirva como dato esperanzador, como consuelo de no querer que se repita lo que se va a repetir: las guerras contra los Diaguitas urbanos, el centralismo porteño, el cierre de ingenios y fábricas, el operativo independencia, las policías descontroladas, los futuros inciertos. Todos fantasmas que no terminan de irse y me recuerdan a la famosa novela de Juan Rulfo, “Pedro Páramo”, donde conviven vivos y muertos en una ciudad que un lunes brilla y un martes se apaga.
Cierto es que no todas son pálidas en el Tucson Tucumano, o no todo es mierda como dice la veterana que al llegar a la esquina intenta cruzar la calle haciendo un riguroso mapeo para ver dónde el charco de mierda es menos tupido.
También hay cosas lindas y graciosas, y misteriosas, como las largas colas de jubilados en los bancos que anuncian “finanzas felices”. Y otras insólitas, como el coordinado movimiento de haraganes y escobas, por la mañana temprano, para hacer correr la mierda por el cordón cuneta “desde mi vereda a la que sigue”, luchando con el tozudo capricho de ese oscuro efluente que hasta desafía las leyes de la gravedad. Y del aroma mejor no acordarse, se asemeja al almizcle solo por su poder envolvente y duradero.
Algunos dirán: ¡que mierda pasa que los gobernantes no se ocupan del tema! ¿Será que viven en lugares donde la mierda está domesticada? ¿Acaso no transitan por la ciudad y su periferia? ¿Será que los que llegan al gobierno les importa una mierda la vida de los ciudadanos? ¿Será que la inteligencia artificial y los algoritmos no saben una mierda?
Muchas preguntas sin respuestas para un Tucumán que, como decimos los tucumanos, “no lo entenderías”. Pero el asunto es serio, muy serio, y requiere que empecemos a entenderlo y ocuparnos para no seguir construyendo un modo de vida de mierda.
En la Facultad de Ciencia Naturales y en el Instituto Miguel Lillo, en la Licenciatura de Ciencias Biológicas donde investigan la relación que hay entre el medio donde uno vive (llamado nicho ecológico) y los seres vivos, ya hay estudios que aseguran que en un nicho ecológico de mierda aparecen humanos de mierda, violentos, desaprensivos, enojados.
Y no es para menos
Por Juan Serra




