A Donald
Trump las cosas le están saliendo muy mal.
Acosado por
los fantasmas de sus vinculaciones perversas con Jeffrey Epstein, y desbordado
por la furia que se desató en el interior de los Estados Unidos como
consecuencia de los asesinatos de ciudadanos estadounidenses a manos de sus
fuerzas parapoliciales, inició un guerra.
Parecía que
iba a ser un paseo, una excursión militar velocísima. Pero Irán tenía otros
planes, y su encarnizada resistencia está prolongado el conflicto. Una guerra
impopular, ordenada a espaldas del Congreso, sin objetivos claros, y que se ha
empantanado de una manera complicada.
Presa de
arrebatos y súbitos cambios de humor, prometió extinguir una civilización tres
veces milenaria en una sola noche de terror, sangre y fuego. Los desbordes
verbales de este anciano desquiciado y caprichoso, hacen poco creíble todo lo
que dice. Los líderes mundiales ya no lo soportan. Ha puesto al mundo en una
situación de tensión incomprensible. Sus aliados de siempre no comparten ni una
sola de sus alocadas decisiones.
No sabe cómo
salir de la guerra en que se metió de una manera más o menos airosa. Está muy
cerca del ridículo. El ultimátum del juicio final contra los iraníes, por
suerte, no se ha cumplido. La torpeza de Trump hace que insólitamente Irán se
sienta fortificado en sus pretensiones y pretenda concesiones que nunca soñó
conseguir.
Cada metida
de pata del presidente norteamericano es continuada por otra peor. En verdad
cuesta encontrar un Jefe de Estado que actúe con tanta desprolijidad y falta
absoluta de racionalidad.
Como hace de
su patanería una demostración cotidiana de su personalidad enfermiza, todos los
días busca y encuentra un nuevo adversario.
Ahora se la
tomó con León XIV, el papa católico, jefe máximo de una religión que contiene
alrededor de mil cuatrocientos millones de feligreses.
León XIV hizo
algo que, a los ojos de Trump, es imperdonable: Se aferró al Evangelio, a la
palabra de Jesucristo, y condenó la guerra y pidió rezar por la Paz en el
mundo.
¿Qué otra
conducta era esperable del líder de los católicos? El principal mandamiento
cristiano ordena amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti
mismo. Y ese amor al prójimo indica una fuerte condena al crimen monstruoso de
la guerra y un llamado permanente a la paz.
León XIV se
expresó en un todo de acuerdo con lo que prescribe el Evangelio. Hizo lo que
era dable esperar de un pastor de almas.
Trump
enfurecido entendió que ese mensaje de paz era una crítica a sus decisiones (y
lo era), por lo que decidió atacar con vulgaridad a León XIV.
“León XIV
debería estar agradecido, porque, como todos saben, fue una sorpresa mayúscula.
No estaba en ninguna lista para ser Papa y la iglesia lo puso allí solo porque
era estadounidense. SI YO NO ESTUVIERA EN LA CASA BLANCA, LEÓN NO ESTARIA EN EL
VATICANO. El Papa es débil en materia de delincuencia y pésimo en materia de
política exterior, le pido que deje de complacer a la izquierda radical. No
quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares”.
Estas citas
textuales de los dichos de Trump ponen de manifiesto una personalidad que ha
perdido el autocontrol y no tiene dimensión del sentido de sus palabras.
León XIV no
se inmutó. No tiene miedo a Trump, y no debe tenerlo. Él solo cumple con el
mandato de divulgar el Evangelio cristiano que ordena condenar la guerra y
procurar la paz. Su firmeza ejemplar al ratificar sus pensamientos sin
alterarse frente a los agravios innecesarios y torpes del energúmeno
norteamericano, son una manifestación expresa de la serenidad que acompaña a
los hombres justos.
No conforme
con sus arrebatos, Trump resolvió repostear personalmente una imagen suya como
si fuera Jesucristo imponiendo su bendición sanadora a un enfermo.
La
indignación de las comunidades cristianas ante esa imagen chabacana, colindante
con la blasfemia, no se hizo esperar. Fue tan fuerte la reacción, que el mismo
Trump tuvo que recular, sacar de circulación la fotografía armada con
inteligencia artificial, y salir a dar un paupérrimo discurso intentando
explicar que no pretendió encarnar a Cristo, sino a un médico de la Cruz Roja.
Pasó sin transición de la blasfemia y la megalomanía, a la tontería y el
ridículo...
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https://sistoteran.substack.com/p/trump-al-borde-de-la-blasfemia-y?r=59tawl

