La casi
intacta meseta de Baguales, en la provincia de Río Negro, se transformó en el
centro de un ambicioso proyecto encabezado por el empresario Abdulhadi Mana A
Sh Al-Hajri, millonario qatarí vinculado a la familia real de Qatar. La noticia
encendió el debate público sobre la conveniencia de permitir inversiones
privadas en territorios de alto valor ecológico.
En 2017, a
través de la firma Baguales Acquisitions S.A., Al-Hajri concretó la compra de
10.000 hectáreas en la meseta Baguales, ubicada a unos 50 kilómetros de San
Carlos de Bariloche y conocida por su biodiversidad, bosques nativos y cursos
de agua cristalina.
Meseta de
Baguales, Río Negro.
Aunque la
transacción pasó relativamente desapercibida en ese momento, en los últimos
meses el proyecto cobró relevancia por los planes de construcción de tres
microcentrales hidroeléctricas sobre el arroyo Baguales, identificadas como
ChiBa I, II y III, según informó el diario Huarpe.
Hidroeléctricas
para beneficio privado
El
componente energético del megaproyecto no está pensado para generar energía
para el sistema interconectado nacional, sino que servirá, según la
documentación oficial, para abastecer el propio complejo privado y desarrollos
anexos.
La potencia
total proyectada -alrededor de 920 kilovatios- es modesta en términos
energéticos, pero representativa en cuanto al control del recurso hídrico, tal
como informó Ecoticias.
Más allá de
la energía, el plan de inversión contempla la construcción de una residencia
privada de lujo y un desarrollo turístico premium denominado Baguales Mountain
Reserve, que combina exclusividad con entornos naturales.
La
iniciativa surge en un contexto en el que sectores vinculados a la promoción de
inversiones extranjeras ven oportunidades económicas en la región, mientras que
organizaciones ambientales y comunidades locales expresan profundas
preocupaciones por el impacto ecológico.
De acuerdo
con Más Energía, el proyecto se encuentra reglamentado bajo una conseción por
30 años desde 2025, en los que "el uso intensivo del agua estará
restringido a los meses de invierno (julio a septiembre), cuando el caudal del
arroyo es mayor". Además, la empresa deberá pagar regalías por el 16% de
la generación energética bruta, un porcentaje superior al 12% aplicado en
regiones como el Comahue.
Las
polémicas del proyecto
Un punto
clave en la polémica es el uso del agua de dominio público. Documentos
oficiales publicados en el Boletín Oficial de la provincia y relevados por
Ecoticias detallan caudales máximos para captación estacional para cada una de
las microcentrales, lo que abrió la puerta a cuestionamientos sobre los
mecanismos de concesión y la transparencia del proceso de aprobación de los
permisos.
El debate se
trasladó al ámbito político y legislativo. En la Legislatura de Río Negro
comenzaron a circular pedidos de informes y discusiones sobre las
autorizaciones otorgadas, la falta de participación de las comunidades locales
y la ausencia de estudios ambientales exhaustivos. Algunos legisladores
señalaron la necesidad de revisar las reglas que permiten concesiones de
recursos estratégicos sin mecanismos de consulta pública previos.
Además de
las críticas ambientales, el caso generó reflexiones más amplias sobre
soberanía territorial y manejo de recursos naturales. Sectores críticos
sostienen que la venta de tierras de alto valor ecológico a capitales
extranjeros, sin la debida participación comunitaria y sin salvaguardas ambientales
fuertes, puede sentar un precedente preocupante para el futuro de la Patagonia
y sus ecosistemas frágiles.
El proyecto
de Al-Hajri, por lo tanto, no solo representa una inversión económica de gran
escala, sino también un punto de inflexión en el diálogo entre desarrollo,
conservación ambiental y derechos de las comunidades locales en una de las
regiones más emblemáticas del país, y donde la propiedad de la tierra genera
diversas disputas.




