Por: Sisto
Terán Nougués
El
programa económico del gobierno de Javier Milei ha demostrado ser un completo y
rotundo fracaso.
Nos ha empujado al fondo del abismo. Se han paralizado y desfinanciado actividades esenciales del Estado. Se ha definido una política de “dólar barato” que incentivó el turismo externo destruyendo el turismo interno, se fomentó la importación irrestricta de bienes, aniquilando la producción nacional y se licuó la capacidad adquisitiva de millones de argentinos. El ciento por ciento de los esfuerzos del equipo económico liderado por “Toto” Caputo estuvo destinado a armar una enorme mesa de juego, una reedición de la infausta bicicleta financiera, donde la timba especulativa generó ganancias extraordinarias a expensas del conjunto social.
Mientras
los especuladores estaban de fiesta, docentes, jubilados, médicos, empresas
PYME, trabajadores formales, científicos, artistas, etc., eran castigados y sus
ingresos no podían seguirle el ritmo a los descomunales incrementos de las
tarifas, alquileres, transporte, remedios y alimentos. La capacidad adquisitiva
del argentino promedio se vio severamente afectada por las medidas adoptadas
por Milei.
Las
políticas diseñadas, al fracasar estrepitosamente, nos llevaron al borde del
precipicio. La fuga de dólares por turismo exterior, importaciones y
especulación fianciera, fue tan significativa, que no alcanzó ni el “blanqueo”
esa moratoria formidable para evasores fiscales, ni la cosecha récord. Mientras
paralizábamos el funcionamiento del Estado y ahogábamos la producción nacional,
despilfarrábamos dólares que no teníamos, en una fiesta sin fin, solo para unos
pocos.
Por
eso en marzo de este año, el programa estaba agotado y el colapso se avecinaba.
Desesperados, “nos fuimos de nuevo a la B” (frase icónica con la que el hoy
cuestionado Espert se refería a los países que recurrían al Fondo Monetario
Internacional), y suplicamos una ampliación de las ayudas y deudas
extraordinarias que ya nos venían concediendo.
Contrariando
la información y los dictámenes técnicos de su propio staff económico, el FMI
el 15 de abril de este año 2025 le hizo una remesa de los primeros 12.000
millones de dólares de un nuevo empréstito por 20.000 millones de dólares. Se
suponía que, con esta nueva deuda extraordinaria y este aporte de divisas
contantes y sonantes, Argentina tenía un horizonte despejado en su
macroeconomía por los próximos dos años.
Se
exigió a cambio la instalación de un sistema de paridad cambiaria con bandas de
flotación y se ordenó que nuestro país acumulara reservas a partir de ese
momento. Caputo cumplió la primera directiva y se hizo olímpicamente el tonto
con la segunda.
Entre
saltos de algarabía, como celebrando un gol de media cancha, Caputo y los suyos
celebraron el acuerdo abrazándose con efusividad futbolera.
¡ESO
PASÓ HACE MENOS DE SEIS MESES!
En
lenguaje periodístico, el operativo del FMI se conoce con el nombre de
“salvataje financiero”.
Un
salvataje es una maniobra que tiende a rescatar a alguien que se ahoga
indefectiblemente sin ayuda externa. Se salva a quien se está muriendo. Nadie
que goza de buena salud necesita ser salvado…
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