La Generación Z enfrenta una brecha entre sus expectativas
y sus posibilidades económicas ancladas por deudas: en Argentina, estudio de la
UBA identificó que el 48,9% de los jóvenes vulnerables de 18 a 29 años carga
con deudas; en USA, el 49% de los jóvenes encuestados por Harvard afirmó estar
peor desde Trump.
Pero en el norte, con las elecciones legislativas
estadounidenses del 3 de noviembre en el horizonte, la precariedad y el
desencanto plantean una pregunta central: ¿Cómo y cuánto influye la falta de
perspectivas económicas en la confianza política de una generación?
La frustración se come a la política
La promesa de que estudiar, trabajar y esforzarse garantiza
un futuro mejor pierde fuerza entre los jóvenes estadounidenses. El acceso a
una vivienda, la deuda educativa y la dificultad para conseguir un empleo
estable condicionan sus decisiones y postergan proyectos personales.
POLITICO retrata a una generación que llega a la adultez
con expectativas económicas deterioradas y una creciente desconfianza en la
política. Las experiencias individuales reflejan una tensión más amplia: la
distancia entre las aspiraciones de independencia y las condiciones materiales
necesarias para alcanzarlas.
La frustración no implica, por sí sola, un rechazo uniforme
a la democracia ni una adhesión automática a posiciones extremas. Sin embargo,
plantea un desafío para los partidos, que deben convencer a los jóvenes de que
sus propuestas pueden mejorar sus condiciones de vida.
Las deudas condicionan el futuro
El endeudamiento es uno de los factores que explican el
malestar de la Generación Z en USA. Los gastos de vivienda, educación y consumo
reducen el margen para ahorrar y alcanzar la autonomía económica.
Un relevamiento de la Universidad de Harvard publicado el
22 de octubre de 2026 muestra la dimensión política del problema. Entre los
jóvenes consultados, el 49% afirmó que su situación financiera personal empeoró
desde la llegada de la actual administración a la Casa Blanca. Además, el 77%
desaprobó la gestión de Donald Trump en materia económica.
El estudio también registró una baja disposición a
participar en los comicios: alrededor de un tercio de los jóvenes encuestados
afirmó que definitivamente votaría en las legislativas. Entre quienes se
identifican como votantes probables, la encuesta encontró una ventaja de los
demócratas sobre los republicanos.
Los resultados describen una relación compleja entre
economía y política. El descontento puede modificar las preferencias
electorales, pero también reducir la participación si los jóvenes consideran
que ninguna alternativa responde a sus necesidades.
Argentina: Vulnerados por precarizados
En Argentina, la Generación Z batalla contra esas
adversidades, pero elevadas a la potencia enésima, sumadas a un contexto
económico y social de los más crudos desde 2001.
Un informe de la Universidad de Buenos Aires publicado en
julio de 2026 estimó que el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años
incluidos en su estudio vive en condiciones de vulnerabilidad social. La
investigación detectó problemas de inserción educativa y laboral, y señaló que
un tercio de quienes no estudian ni trabajan tampoco busca empleo.
Entre los jóvenes vulnerables que sí trabajan, el 75,9%
tiene una relación laboral no registrada o se desempeña por cuenta propia;
además, el 57% indicó que los ingresos de su hogar no alcanzan para llegar a
fin de mes.
El relevamiento se realizó entre diciembre de 2025 y enero
de 2026 sobre 1.002 jóvenes vulnerados de los principales aglomerados urbanos
del país, conforme la Universidad de Buenos Aires.
Los indicadores del mercado laboral refuerzan el
diagnóstico. El Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la
UBA-CONICET informó en septiembre de 2026 que la informalidad laboral alcanzó a
casi el 70% de los jóvenes en el primer trimestre del año, una proporción muy
superior a la registrada para el conjunto de los trabajadores.
El dato expone una barrera central para la autonomía:
conseguir trabajo no siempre significa acceder a ingresos estables, derechos
laborales o protección social, informaron IIEP UBA-CONICET.
La precariedad también condiciona la posibilidad de
independizarse, sostener los estudios y planificar a largo plazo. Aunque la
educación conserva un lugar importante entre las expectativas juveniles, la
falta de recursos y de oportunidades puede dificultar que esas aspiraciones se
conviertan en mejoras concretas.
La economía redefine el vínculo con la política
En ambos países, las condiciones materiales forman parte
del vínculo entre la juventud y las instituciones. El empleo, los ingresos, la
vivienda y las oportunidades de progreso inciden en la evaluación que los
jóvenes hacen de los gobiernos y de las fuerzas políticas.
En Estados Unidos, la encuesta de Harvard muestra un
marcado descontento con la economía y una participación electoral
potencialmente baja. En Argentina, los datos de la UBA exponen una situación de
vulnerabilidad que afecta el acceso al trabajo, la educación y la independencia
económica.
Las cifras no permiten afirmar que todos los jóvenes
piensen igual ni que el malestar se traduzca en un único comportamiento
electoral. La Generación Z reúne experiencias, intereses y posiciones políticas
diversas. Pero los problemas económicos constituyen un factor relevante para
entender sus demandas y su relación con el poder.
Una prueba para los partidos
Las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de
noviembre serán una prueba para los partidos que buscan atraer al electorado
joven. La participación y las preferencias de ese segmento pueden incidir en la
disputa por el Congreso, aunque su peso dependerá de cuántos concurran a votar
y de cómo se distribuyan sus preferencias.
En Argentina, los datos sociales y laborales plantean un
desafío de más largo alcance: ampliar las oportunidades de empleo registrado,
facilitar la continuidad educativa y mejorar las condiciones para que los
jóvenes puedan proyectar su futuro.
A ambos lados del continente, la pregunta de fondo es
cuánto pueden sostenerse las promesas de progreso cuando una parte de la
juventud encuentra obstáculos para alcanzar la independencia económica. La
respuesta no depende solo de los discursos políticos, sino de la capacidad de
las instituciones para ofrecer resultados concretos.




