El especialista planteó que el rechazo aparece cuando las
personas sienten que un dispositivo creado por humanos puede desplazarlas.
“Cuando las personas sienten que un objeto, un aparato, un dispositivo que
inventaron los humanos viene por ellos, obviamente que hay un efecto de rechazo
y de resistencia al cambio”, explicó.
Corvalán separó los usos productivos de herramientas
disponibles para empresas y usuarios de los desarrollos que se prueban en los
mayores laboratorios tecnológicos. “No significa: ‘Che, no uses la IA en tu
Pyme para acelerar tu proceso productivo’”, aclaró.
Sobre los sistemas con mayor autonomía, precisó que se
trata de una tecnología distinta. “Está la IA de frontera, la IA muy autónoma,
que tiene mucha agencia, que se está experimentando en grandes laboratorios en
Estados Unidos. Esa es una IA”, señaló.
Para el director del laboratorio de la UBA, el peligro
aumenta cuando esos agentes tienen capacidad de intervenir sobre sectores
sensibles. “Esa IA es riesgosa en el corto plazo si, por ejemplo, tiene acceso
a infraestructura crítica como redes de energía, laboratorios de
biotecnología”, afirmó.
En ese punto, cuestionó los mensajes de referentes de la
industria que combinan promesas sobre el potencial de sus productos con pedidos
de regulación. “Están generando hace años una situación bastante bipolar”,
sostuvo sobre figuras como Dario Amodei, Sam Altman y Elon Musk.
Corvalán describió una tensión entre la carrera
empresarial, la competencia geopolítica y la pretensión de trasladar el control
hacia los Estados. “Por un lado, hacemos lucir que estamos cambiando el mundo y
que podemos inventar inteligencia incluso que supere a los humanos. Y, por otro
lado, dicen: ‘Bueno, regúlennos, porque lo que estamos inventando se nos va de
las manos’”.
Los líderes tecnológicos solicitan regulaciones estatales
en un contexto de carrera geopolítica entre Estados Unidos y China. (Imagen
Ilustrativa Infobae)
Según su lectura, ese pedido puede apuntar a reducir
responsabilidades ante eventuales consecuencias de los desarrollos. “Yo creo
que lo hacen en primer lugar para tratar de eximirse de responsabilidad”,
aseguró.
La competencia con empresas de otros países también aparece
en esa discusión. “Además, está China, es una carrera geopolítica”, indicó,
antes de resumir la posición que, según él, adoptan las compañías: “Intentemos
desacelerar, pero que venga alguien de afuera y me pare”.
El encuentro sobre IA y dignidad humana que
impulsa la UBA
La conversación también abordó el encuentro “Sabiduría y
Dignidad en tiempos de la IA”, previsto para los días 15 y 16 de octubre por la
Facultad de Derecho de la UBA, la Conferencia Episcopal Argentina y la Academia
Vaticana de Ciencias Sociales.
Corvalán recomendó leer el documento papal dedicado a esta
materia, más allá de las creencias personales de cada lector. “Yo le
recomendaría leer la encíclica del papa sobre la IA”, expresó.
El investigador ubicó una de las preguntas del debate en la
relación que las personas comienzan a establecer con los asistentes
conversacionales. “Dónde queda la dignidad humana y el ser humano cuando una
tecnología te antropomorfiza”, formuló.
Como ejemplo, mencionó las consultas que usuarios realizan
a ChatGPT frente a problemas personales. “Hay gente que hoy el uso más
frecuente de ChatGPT es asistencia terapéutica. O sea, las personas le dicen:
‘Hola, me siento mal’, y se lo dicen a ChatGPT”, advirtió.
El director del laboratorio sostuvo que esa interacción no
debe derivar en una mirada fatalista, pero sí exige revisar hábitos de
pensamiento. “No, con esto no quiero generar un discurso apocalíptico. Lo que
quiero decir es: estamos antropomorfizando esa tecnología, la tratamos como si
fuese un humano”, manifestó.
Corvalán llamó a ese proceso “sedentarismo cognitivo
masivo” y lo comparó con el cambio que produjeron las máquinas sobre la
actividad física. “Esta IA va a hacer que tengamos menos actividad cognitiva”,
señaló.
También mencionó el uso de herramientas generativas por
parte de niños y adolescentes. “Pensemos que un chico de siete años no esté
manipulado por una IA y su lóbulo frontal no pueda entender lo que está pasando
en esa dinámica”, planteó.
Para el especialista, la discusión puede reunir posiciones
que suelen estar enfrentadas en otros asuntos públicos. “Pareciera que frente a
esta tecnología no hay grieta”, dijo.
Desde esa mirada, propuso que el debate no se limite al
temor por los avances técnicos. “¿Podemos usar la IA para que nos ayude en la
salud, para que ayude en tareas rutinarias, para que nos haga más productivos?
Ahora bien, mientras tanto, ¿hasta qué punto perdemos o no el control?”,
preguntó.
Al analizar el mercado laboral, Corvalán ubicó la principal
preocupación en empleos que hasta hace pocos años parecían menos expuestos a la
automatización. “La principal preocupación hoy es el reemplazo de tareas y de
algunos puestos de trabajo de actividades cognitivas de alto nivel, los que se
llama trabajadores de cuello blanco”, explicó.
El abogado recordó que la evolución de estas herramientas
modificó su capacidad para producir contenidos y documentos. “Hoy la IA te
edita un libro de 40, 50 páginas con el mismo estándar, incluso mejor que un
editor humano”, aseguró.
Frente a ese escenario, señaló que los oficios físicos
pueden ganar terreno en el corto y mediano plazo. “Ser plomero hoy, estudiar
plomería, tiene muchas más chances de empleabilidad que, por ejemplo, si estás
trabajando de hacer posteos en las redes sociales”, sostuvo.
La explicación, según Corvalán, está en que los agentes de
IA ya pueden asumir una parte de esas tareas. “Los agentes de IA pueden
prepararte el posteo, sacarlo, hacer una estimación de métricas y muchas cosas
más vinculadas a ese trabajo”, enumeró.
De todos modos, rechazó la idea de que profesiones como
programación, abogacía o contabilidad vayan a desaparecer por completo. “El
ingeniero en sistemas de alto nivel es muy importante”, afirmó.
El especialista dijo que quienes tienen experiencia pasan a
cumplir funciones de revisión, control y seguridad sobre los resultados de las
herramientas. “Un ingeniero en sistemas y una persona con mucha trayectoria en
programación hoy lo que está haciendo es editar el código, revisar
ciberseguridad”, detalló.
Sobre las previsiones de desempleo masivo, Corvalán pidió
considerar que los puestos se transforman y adquieren nuevas funciones. “Se
extinguen tareas, se renuevan tareas y la lógica de trabajo se expande”,
sostuvo.
Para ilustrarlo, comparó las tareas que integraban un
empleo décadas atrás con las que se exigen en la actualidad. “Cuando vos analizas
un trabajo, hace 50 años tenía 12 tareas. Analizas el mismo trabajo de hoy,
tiene 120”, indicó.
Corvalán definió ese error de cálculo como un “sesgo de
proyección”. “Yo me imagino cómo se va a extinguir el laburo de hoy en función
de que no conozco las tareas del mañana”, explicó.
El director del laboratorio recurrió al ajedrez para
discutir la relación entre rendimiento automatizado y valor humano. “Si ya Deep
Blue le ganó a Kasparov, las máquinas juegan millones de veces mejor. ¿Por qué
la industria del ajedrez creció? Porque los humanos no querían consumir
máquinas jugando. Los humanos querían consumir humanos jugando”, argumentó.
En ese marco, propuso ponderar la experiencia, la escucha y
el vínculo entre personas en trabajos que incluyen asistencia o cuidado.
“Cuando una víctima va a denunciar, no quiere que estés con la computadora una
hora. Lo que quiere es que la escuches, que la atiendas, que la abraces, que la
contengas. Después, que la IA llene el formulario”.




