Fuentes médicas y documentos consultados coincidieron en que el fenómeno deja señales concretas en la práctica clínica y en la organización de los servicios, con al menos cuatro indicadores que ayudan a dimensionar el cambio.
El registro previo del Ministerio de Salud había consignado que en 2023 hubo 460.902 nacidos vivos, un 6,9% menos que en 2022. La contracción también se observa en una perspectiva de 10 años: en 2014 se habían registrado 777.012 nacimientos y en 2024 la reducción fue de 6,8%, de acuerdo con el Ministerio de Salud.
La distribución por edad muestra un corrimiento de la maternidad hacia edades más altas. Según el Ministerio de Salud, las mujeres de 25 a 29 años concentraron el 25% de los partos en el último registro, seguidas por las de 30 a 34 años con 23% y las de 20 a 24 años con 22%.
En ese marco, especialistas y documentos consultados ponen el foco en al menos cuatro datos: la postergación de la maternidad, el aumento de riesgos de salud durante el embarazo, la reorganización de maternidades y servicios neonatales y el cambio de perfil en las consultas de fertilidad, cada vez más centradas en lograr el primer embarazo.
La tendencia local forma parte de un escenario más amplio. El doctor Leonardo Mezzabotta, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires, director de la maternidad del Sanatorio Los Arcos y exjefe de obstetricia del Hospital Argerich, dijo que la baja de la natalidad “es un fenómeno no solamente local, sino también regional y mundial”.
La edad media materna estimada se ubica ahora entre los 27 y 29 años. Ese dato marca una postergación respecto de décadas anteriores y expresa una reorganización de prioridades vitales, pero también una posible dificultad para el desarrollo familiar en contextos más adversos.
Según el Ministerio de Salud, las diferencias territoriales fueron amplias en 2024. Misiones encabezó la tasa de natalidad con 12,3 nacidos vivos por cada mil habitantes, seguida por Chaco con 11,9, Santiago del Estero con 10,8 y Formosa con 10,7,
En el extremo inferior quedaron la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego, ambas con 6,9 nacidos vivos por cada mil habitantes. Detrás aparecieron Jujuy con 8,0, La Pampa y Río Negro con 8,1 y la provincia de Buenos Aires con 8,4.
Mezzabotta sostuvo que el descenso atraviesa “todos los sectores sociales y todos los subsectores de salud, tanto el público como el privado y las obras sociales”, y lo vinculó con la disponibilidad de instrumentos para decidir “tener hijos en el número y en el momento que ellos determinan o ellas determinan”.
“Hoy la sociedad define por diferentes motivos socioculturales tener hijos cuando quiere tenerlos”, afirmó Mezzabotta.
El médico planteó que esa posibilidad de elegir “hay que tomarla como un dato positivo”, aunque señaló su efecto directo: el menor número de nacimientos.




